Tomemos una lapicera como ejemplo.
Una lapicera fue creada para escribir. Puede ser nueva, linda, costosa o de la mejor marca, pero si no escribe, no está cumpliendo el propósito para el que fue creada. Podrá servir como adorno o quedar sobre un escritorio, pero mientras no escriba, estará viviendo por debajo de su propósito.
¿Y por qué una lapicera escribe? Porque tiene tinta. Si se queda sin tinta, deja de cumplir su función.
De la misma manera, sucede con nosotros.
Dios no nos creó solamente para estudiar, trabajar, formar una familia o alcanzar el éxito económico. Todo eso puede ser bueno, pero no es el propósito principal de nuestra existencia. Fuimos creados para adorar a Dios, tener comunión con Él y vivir para hacer Su Voluntad.
a todo el que es llamado por Mi Nombre y a quien he creado para Mi Gloria, a quien he formado y a quien he hecho. Isaías 43:7
Por eso, una persona puede tener una buena profesión, una familia, bienes materiales o reconocimiento y, aun así, sentirse vacía. ¿Por qué? Porque está viviendo fuera del propósito para el cual fue creada.
Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? Marcos 8:36
Así como la tinta permite que la lapicera cumpla su función, el Espíritu Santo es Quien capacita al ser humano para vivir el Propósito de Dios. Sin el Espíritu Santo, una persona puede existir, pero nunca experimentará la plenitud para la que fue creada.
Porque todos los que son Guiados por el Espíritu de Dios, los tales son Hijos de Dios. Romanos 8:14
Una lapicera sin tinta conserva su apariencia, pero pierde su utilidad. Del mismo modo, una persona sin el Espíritu Santo sigue viviendo, pero no está viviendo la Vida que Dios diseñó para ella.
La gran pregunta no es si estamos vivos, sino si estamos viviendo el Propósito para el que Dios nos creó.
Obr. Diego Pereira
Wilde, Buenos Aires
FJU
