En 1 Reyes 16:34 encontramos la historia de Hiel, natural de Betel. Él conocía la Palabra de Dios y había nacido en un lugar que representaba la Casa de Dios, la Puerta del Cielo abierta en la tierra, como dijo Jacob.
Sin embargo, Hiel no temió a Dios y decidió aliarse con el rey Acab, quien hizo lo malo delante del Señor y provocó Su ira más que todos los reyes que habían reinado antes de él (1 Reyes 16:33).
Como consecuencia, se cumplió en la vida de Hiel una palabra que había sido pronunciada siglos antes por Josué:
… Maldito sea delante del Señor el hombre que se levante y reedifique esta ciudad de Jericó; con la pérdida de su primogénito echará su cimiento, y con la pérdida de su hijo menor colocará sus puertas. Josué 6:26
Hiel había nacido en Betel, pero salió de allí para reedificar Jericó, una ciudad que Dios había condenado y destruido. Cambió la Bendición de Betel por la maldición de una profecía que nunca debió caer sobre un descendiente de Abraham, Isaac y Jacob.
Esto también sucede hoy con muchas personas que saben que la Universal fue levantada por el Propio Dios. Personas que experimentaron milagros, recibieron Bendiciones y hasta formaron parte de esta Obra maravillosa.
Pero, por no temer a Dios, terminan cambiando la Bendición por la maldición. Se alejan de una puerta que Dios abrió y, aun teniendo pruebas de esa verdad, regresan a edificar sus antiguas vidas lejos del Altísimo.
Y hay quienes permanecen dentro de la Casa de Dios, pero utilizan los recursos y las Bendiciones que recibieron en este Ministerio para volver a edificar lo que terminará siendo para su propia ruina y la de los suyos.
Entonces, la pregunta es: ¿quién es el culpable?
Dios advierte a todos:
Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la Vida y la muerte, la Bendición y la maldición. Escoge, pues, la Vida para que vivas, tú y tu descendencia… Deuteronomio 30:19
La elección siempre está delante de nosotros: la Vida o la muerte, la Bendición o la maldición.
No basta con haber nacido en Betel. Es necesario permanecer en la Presencia de Dios, temer y honrar Su Palabra.
Nos vemos en la IURD o en las Nubes.
Obispo Julio Freitas

