1- La espiritualidad se revela en la vida diaria
No se limita a lo que hacemos en la Iglesia (orar, cantar, predicar, ofrendar…).
La espiritualidad se demuestra en cómo reaccionamos ante los problemas y las tentaciones, y en cómo vivimos la fe en casa, en el trabajo y en la calle.
Jeremías 23:24 – Dios está presente en todo lugar, no solo en el templo.
«¿Podrá alguno esconderse en escondites de modo que Yo no lo vea? —declara el SEÑOR—. ¿No lleno Yo los cielos y la tierra? —declara el SEÑOR—.» Jeremías 23:24
La manera en que tratamos a nuestra pareja, a nuestros hijos y a nuestros padres es un reflejo más real de nuestra espiritualidad que cualquier acto público.
¿Cuáles son nuestras prioridades: las personas, las cosas, Dios, el trabajo…?
2- Cuidar el cuerpo es honrar a Dios y a la familia
La alimentación, el ejercicio, el descanso, la forma de vestir y el cuidado personal revelan si somos decentes o indecentes, disciplinados o indisciplinados, diligentes o negligentes.
1 Corintios 6:19-20 – Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.
«Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo.»
Padres que cuidan su salud mental, física y su discreción enseñan responsabilidad; hijos que respetan su cuerpo aprenden a honrar a Dios y a sus padres.
3- Hacer el bien a todos, incluso a los incrédulos
La verdadera madurez espiritual se ve en la misericordia, la fe, la paciencia, la tolerancia, el perdón y la intercesión.
Juan 13:35 – El amor y la compasión son la señal de los discípulos de Cristo.
«En esto conocerán todos que sois Mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.» Juan 13:35
En la familia, esto significa aprender a escuchar, respetar las diferencias y practicar la empatía y la fe, incluso cuando no estamos de acuerdo. Y, sobre todo, orar unos por otros.
4- Cumplir lo que prometemos
La integridad se predica con hechos, no con discursos ni solo citando pasajes bíblicos.
Eclesiastés 5:4-5 – Es mejor no prometer que prometer y no cumplir.
«Mejor es que no prometas, a que prometas y no cumplas.»
Padres que cumplen su palabra enseñan confianza y carácter; hijos que honran sus compromisos muestran respeto y responsabilidad.
La espiritualidad no es un conjunto de rituales visibles, sino una vida coherente con la fe en lo cotidiano. Dios no habita en templos hechos por manos humanas, sino en nosotros, en nuestro diario vivir (1 Corintios 3:16-17).
«¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois.» 1 Corintios 3:16-17
La verdadera espiritualidad se mide en cómo vivimos cuando nadie nos está mirando y en cómo honramos a Dios en nuestra relación con la pareja, los padres y los hijos.
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas
