La falta de paciencia y confianza hace que muchas mujeres tomen decisiones que tienen consecuencias amargas
REBECA
¿Qué harías si supieras que Dios tiene una promesa para tu vida, pero ves que todo lo que sucede camina en dirección opuesta? La Biblia muestra que Rebeca enfrentó este conflicto. Después de 20 años de esterilidad, ella recibió de Dios una revelación sobre sus hijos gemelos: el mayor serviría al menor. Sin embargo, al ver a Isaac, su marido, prepararse para bendecir al primogénito Esaú, la falta de confianza se apoderó de ella. En lugar de esperar por la actuación divina, ella manipuló la situación para que Jacob recibiera la bendición.
Muchas veces, nuestra prisa revela que, en el fondo, no creemos que Dios es capaz de cumplir lo que dijo sin nuestra interferencia. Rebeca no supo esperar que el momento crítico lo resolviera el Señor, sino que planeó un plan para engañar y le enseñó a Jacob a mentirle al padre, quien era ciego, que era el hermano. De esta manera, ella falló en la misión de ser un ejemplo de rectitud y creó un abismo en su propia casa.
El precio de esta precipitación fue alto e inmediato. A causa del engaño, la armonía familiar se destruyó: Jacob tuvo que huir para salvar su vida, y Rebeca nunca más vio a su hijo amado. Además, tuvo que convivir con la amargura causada por las decisiones rebeldes de Esaú que, en venganza por la pérdida de la bendición, se casó con mujeres que se volvieron un peso para los padres. La falta de equilibrio de Rebeca, que dejó que el favoritismo y el control guiaran sus acciones, transformó su hogar en un ambiente de tensión y dolor.
¿Qué hay en tu corazón?
Haciendo una analogía con las aceitunas que pasan por la prensa para extraer el aceite, Dios permite que pasemos por situaciones en las que somos “exprimidas” para que, lo que está en nuestro corazón, sea revelado. En el caso de Rebeca, la presión resultó en ansiedad y la falta de confianza. Todo lo que nos sucede sirve para mostrar quién somos y para que podamos reorganizar nuestra vida con Dios. Si Él prometió, Él es fiel para cumplir. Por eso, no necesitamos atajos o manipular a las personas para que la voluntad de Dios se establezca.
La prisa es enemiga de la perfección espiritual. Cuando intentamos forzar una situación, creamos problemas que podrían haberse evitado usando la paciencia. La mujer sabia sabe que su mayor privilegio es confiar y no controlar.
