El Reino no es solo un destino futuro, sino una realidad presente que se vive, se encarna y se cultiva día a día.

¿Qué significa permanecer en el Reino de Dios?

Permanecer implica continuidad, coherencia y relación viva.
No es un estado estático, sino un camino que se recorre con Dios, donde cada decisión alimenta o debilita esa vida del Reino.

1.° Ser Bautizado con el Espíritu — Ser Inspirado, Guiado y Fortalecido

El Bautismo del Espíritu no es solo un evento, sino una Fuente Continua de Sabiduría, Alegría y Paz.

Es permitir que el Espíritu Santo:

  • Guíe tus decisiones.
  • Transforme tu carácter.
  • Te fortalezca en la debilidad.
  • Te revele la Voluntad del Padre.
  • Te dé sensibilidad y discernimiento espiritual.

Una vida que respira el Reino es una vida conducida por el Espíritu Santo, no por impulsos, influencias ajenas o emociones pasajeras.

2.° Renunciar al propio yo — La libertad del desapego

Renunciar al ego no significa perder identidad, sino liberarse de la tiranía del propio yo:

  • Dejar de vivir para la autoimagen.
  • Soltar la necesidad de tener siempre la razón.
  • Abandonar el orgullo que impide pedir perdón.
  • Elegir el camino del servicio antes que el del protagonismo.

Cuando el yo deja de ocupar el trono, Dios puede reinar en el corazón.

3.° Compromiso con las cosas espirituales — Prioridad, no accesorio

El Reino no se sostiene con “ratitos espirituales”, sino con prioridad espiritual.
Esto se expresa en:

  • Tiempo de oración sincera.
  • Lectura y meditación de la Palabra.
  • Comunidad y servicio.
  • Discernimiento en las conversaciones, lo que alimenta o puede apagar el espíritu.
  • Decisiones que reflejan valores eternos, no modas pasajeras.

El compromiso espiritual no es obligación, es hambre de Dios.

4.° Vivir en la Santidad — No en la religiosidad

  • La santidad no es perfección ni la apariencia significa temor a Dios.
  • Es coherencia interior, integridad y autenticidad.

Vivir en la santidad implica:

  • Elegir lo que edifica, no lo que destruye.
  • Ser la misma persona en público y en privado.
  • Buscar la pureza de corazón, no la aprobación de otros.
  • Rechazar la hipocresía religiosa que se queda en lo externo.
  • Dejar que Dios transforme hábitos, pensamientos y motivaciones.

La santidad es vida; la religiosidad es máscara.

«… El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el Evangelio». Marcos 1:15

DeciLe en voz alta: “¡Heme aquí, Señor Espíritu Santo, enséñame y Úsame hoy más que todas las veces anteriores para Tu Gloria!”.

¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas

– LEÉ TAMBIÉN:

– Una vida que ya respira el Reino I
– Una vida que ya respira el Reino II

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