Así como alimentarnos es indispensable para poder sustentar nuestro cuerpo, para alguien que se considera cristiano, participar de la Santa Cena también debería serlo. Esta fue instituida por el propio Señor Jesús, ya que solo en Él encontramos el alimento necesario para ser sustentados y preservados espiritualmente hasta el fin.
Escrito está:
“Entonces Jesús les dijo: «En verdad les digo, que si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben Su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día final. Porque Mi carne es verdadera comida, y Mi sangre es verdadera bebida. » El que come Mi carne y bebe Mi sangre, permanece en Mí y Yo en él.” Juan 6:53-56
El Señor Jesús destacó que, para tener vida eterna con Él, es indispensable comer de Su carne y beber de Su sangre (la Santa Cena). Hoy en día, muchas personas no hallan plenitud en su diario vivir y buscan momentos de alegría. No obstante, la verdad es que solo Su carne y Su sangre nos otorgan la verdadera paz, alegría y el placer de vivir, pues la realización interior solo se alcanza mediante una vida en comunión con Dios.
“Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.” Juan 6:57
Muchos participan de la Santa Cena por simple costumbre, pero ¿cuál es la forma correcta de hacerlo? Para ello, es necesario tomar una decisión: así como el Señor Jesús se sacrificó por nosotros, nosotros también debemos sacrificarnos por Él. Esto significa decidir sacrificar nuestra propia voluntad para hacer la de Dios, sellando así una nueva alianza con Él.
