Un desvío es la acción o el efecto de apartarse o alejarse del camino o curso que se seguía.
El desvío del corazón representa el alejamiento espiritual de la persona con relación a la Palabra de Dios y Su Voluntad.
Tener el corazón puesto en las cosas de este mundo, en las preocupaciones o en los deseos personales es el resultado del desvío del corazón humano del camino de la Salvación.
En pequeñas actitudes, sin darte cuenta, tu corazón puede desviarte del propósito de Dios y llevarte por un camino equivocado, distante y separado de Él.
Pero antes de un desvío siempre aparecen señales. Por ejemplo, ante un corte de tránsito encontramos señales preventivas y transitorias, como carteles de obra, conos, barreras o luces, que te avisan con anticipación que debés cambiar de trayectoria.
Lo mismo sucede con nuestra vida espiritual. Antes de desviarte del camino correcto, hubo una señal, un indicio, algo que hizo que tu corazón se inclinara y eligieras hacer tu voluntad en lugar de la de Dios, como pueden ser:
- Deseos y pasiones carnales.
- Proyectos personales y/o ambiciones.
- Malos pensamientos.
- Priorizar a la familia, una amistad o una relación.
- Ser sentimental.
- Pereza o acomodación.
- Dudas.
- Malos ojos.
- Ansiedad.
Seguramente hubo una señal que ignoraste, y ese desvío te llevó por un camino incorrecto, que dio lugar al pecado y, como consecuencia, a la ceguera espiritual, tal como sucedió con el pueblo de Judá en la época del Profeta Joel.
El pueblo estaba atravesando una gran crisis y destrucción, pero no lograba ver que eso era el reflejo de su estado espiritual. La relación con Dios había sido descuidada, y ese era un llamado urgente para que el pueblo volviera a Él por medio de un arrepentimiento sincero que garantizaría la restauración de la Alianza con Dios.
Aun ahora —declara el Señor— volved a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento. Joel 2:12
Volver de todo corazón significa mirarnos por dentro y tomar conciencia de cómo está nuestra alma delante de Dios; humillarnos, reconocer nuestros errores y buscar un verdadero arrepentimiento, abandonando todo aquello que hizo que el corazón se desviara de la Voluntad de Dios.
Volver con ayuno implica negar nuestra voluntad, la carne y hacer morir lo terrenal.
Volver con llanto y lamento es señal de un corazón quebrantado y rendido a Dios, que desea corregirse y busca con todas sus fuerzas la reconstrucción de su relación con Él.
Hoy podés tomar la decisión de volver a Dios, al camino correcto que te lleva al Monte Sion, a la Salvación.
Multitudes, multitudes en el valle de la decisión. Porque cerca está el Día del Señor en el valle de la decisión. Joel 3:14
El Día del Señor está cerca. Hoy es tiempo de reconciliarte con Dios para no sufrir cuando llegue el Gran Día.
Obr. Daiana Ríos
Laferrere, Buenos Aires

