Este mensaje resalta el ejemplo de Abraham y enseña que conocer la Palabra de Dios no es suficiente: es necesario obedecer, abandonar el pecado y vivir una Fe de actitudes
La Fe práctica y la obediencia a la Palabra de Dios son fundamentales para quienes desean tener Paz con Él. Recordando el ejemplo de Abraham, la Fe no se limita al conocimiento bíblico ni a los sentimientos, sino que se manifiesta en las decisiones y actitudes de cada persona.
Dios guía, enseña y muestra el camino. Sin embargo, cada persona decide si pone en práctica esa guía. Quienes son sabios obedecen y, entonces, cosechan las recompensas de la obediencia.
El ejemplo de Abraham
El pasaje explica por qué Abraham se convirtió en un símbolo de Fe:
“… porque Abraham Me obedeció, y guardó Mi ordenanza, Mis mandamientos, Mis estatutos y Mis leyes”. Génesis 26:5
Abraham escuchó, guardó y obedeció. De esta manera, demostró que la verdadera Fe requiere actitudes.
La obediencia no es un sentimiento. Incluso la compasión solo produce resultados cuando hay una actitud. De igual modo, conocer las Escrituras sin practicarlas no transforma la vida.
Por lo tanto, es importante que una persona razone sobre lo que Dios dice y luego ponga en práctica Su Palabra.
Otro punto importante es la relación entre la Fe, el perdón y la paz con Dios.
La Fe en Jesús no significa simplemente decir que creés en Él, sino que requiere abandonar tu antigua forma de vida y basarla en la Palabra de Dios.
«Por tanto, habiendo sido justificados por la Fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo…». Romanos 5:1
Por lo tanto, la recomendación es primero resolver la propia situación ante Dios. Esto implica reconocer los propios errores, confesar a Jesús como Señor y Salvador y abandonar todo aquello que vaya en contra de Su voluntad.
Quienes desean transmitir la Paz de Dios a los demás deben primero buscar esa paz en sus propias vidas y actuar de acuerdo con sus creencias.
La Fe práctica se manifiesta en la obediencia. No depende de la suerte, la emoción ni simplemente del conocimiento, sino de la decisión diaria de seguir lo que está escrito.
