¿Cuántas veces te viste movido por el deseo de progresar en tu trabajo, ser feliz en el amor, terminar tu casa o tu carrera, darle lo mejor a tus hijos o ser un mejor instrumento en las Manos de Dios, pero todo queda solamente en un deseo?
Muchas veces no creemos en nosotros mismos. Nos dejamos llevar por lo que el mundo dice que somos o por lo que podemos o no podemos hacer. De esa manera, también dejamos de creer en los Planes de Dios para nuestra vida.
Pero cuando elegimos creer en la Palabra de Dios, vemos innumerables testimonios de personas que decidieron confiar en Él. Un ejemplo es Josué, quien fue siervo de Moisés. A los ojos humanos, no parecía tener las condiciones necesarias para asumir semejante responsabilidad.
Josué estaba afligido por la muerte de Moisés y sin saber qué harían a partir de ese momento.
“Mi siervo Moisés ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.”. (Josué 1:2)
Sin embargo, decidió creer. Y por obedecer la Voz de Dios, alcanzó grandes victorias.
“Solamente sé fuerte y muy valiente; cuídate de cumplir toda la ley que Moisés Mi siervo te mandó; no te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche…” (Josué 1:7-8)
Cuando decidimos creer y actuar por la Fe, decidimos ser:
- Mejores personas.
- Mejores hijos.
- Mejores cónyuges.
- Mejores empleados o empleadores.
Lo mismo ocurrió con Noé, quien decidió creer durante más de cien años aun cuando no veía nada. Obedeció a Dios y salvó a toda su familia.
“Por la Fe Noé, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con Temor preparó un arca para la Salvación de su casa…” (Hebreos 11:7)
Cuando decidimos creer y poner en práctica la Fe, vamos en contra de lo natural.
“ Y sin Fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es Remunerador de los que Le buscan.” (Hebreos 11:6)
Obr. Victoria Garayalde, Bahía Blanca, Buenos Aires
FJU

